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Kike Díaz (Minichaplin): "Aula Málaga es la puesta en marcha de una factoría popular de contenidos locales"

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02-07-2020

Kike Díaz (Minichaplin):

El productor, guionista y director de cortometrajes Kike Díaz, natural de Málaga, lleva los últimos 15 años simultaneando la tarea de producción y creación de contenidos con la docencia, como divulgador de los lenguajes de los medios de comunicación.

 

 

Es creador y actual director creativo de Minichaplin-Iniciativas para la Comunicación, la Cultura y el Ocio creativo. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga y diplomado en Guión en la Escuela Internacional de Cine (La Habana, Cuba), es autor de casi 20 cortometrajes exprés realizados con la técnica PBP (Producción de Bajo Prespuesto) y ha escrito centenares de guiones de los más diversos géneros (infantil, magazine, dramático, documental) y creado formatos originales para TV (entre ellos “La Banda del Sur”, el segmento infantil más longevo de la TV española y, más recientemente, creó y dirigió el concurso juvenil "Bókeron Show" para Canal Málaga). Además, es autor del guion de largometraje "Daniel último torero" (Beca MEC) y del método didáctico "La magia del cine".

 

 

Actualmente está inmerso en el programa formativo "Aula Málaga", un conjunto de propuestas de formación y creación audiovisual para todos los públicos que nace con el objetivo principal de fomentar la cultura local.

 

 

 

Fundación AVA: ¿Cómo y cuándo surge Minichaplin? 

 

Kike Díaz: En 2005 teníamos una empresa, Mundoclick, que hacía contenidos para TV. En esa época visitábamos muchos centros educativos y nos dimos cuenta de que se enseñaban idiomas pero había un terrible olvido con uno de los lenguajes, junto con el deporte y la música, más poderoso de nuestro tiempo: el audiovisual. Nos dimos cuenta de que nuestras escuelas, institutos e incluso universidades eran "territorio Gutemberg". De hecho aún hoy lo siguen siendo. Lo primero que hacen cuando te llevan al colegio es enseñarte primero a leer y luego a escribir... solo que letras. Pero vivimos en un mundo de pantallas y a nadie parece inquietarle el hecho de que la única alfabetización mediática que recibimos sea a través del consumo. En las aulas no se cuenta que los colores establecen un código de significado, que en una película lo importante se ve y se oye "de cerca"; no se tiene consciencia de que, en una pantalla, hay presente, pasado y futuro… Y lo terrible es que cuando cuentas todo eso en un taller, en una escuela, siempre hay alguien que dice "qué curioso". Es como pensar que las letras de una página pueden tener significado. A nadie le parece "curioso" que cuando abres y comienzas a leer "El Quijote", a través de esos signos, te llegue una historia. Así pues... de la necesidad de contar que cuando ves "Sálvame" o el fútbol también hay quien te está contando una historia -su historia, su visión del mundo y tras ella, bien ocultos, sus intereses-,  surgió la idea de abrir un centro de divulgación de los lenguajes audiovisuales específicamente dirigido a niñas y niños, jóvenes, madres y padres y docentes. Ese empeño, que cumple 15 años en estos días, dejó de ser parte de una empresa para convertirse en una asociación sin ánimo de lucro, y es lo que luego se ha desarrollado como Minichaplin.

 

 

 

 

F.A.: A lo largo de estos años, ¿cuáles han sido los proyectos “estrella” de Minichaplin?

 

K.D.: El gran proyecto "estrella" de Minichaplin es seguir aquí 15 años después de nuestra puesta en marcha, siendo una entidad absolutamente privada. También haber prestado servicio -porque  entendemos lo que hacemos  como servicio público- a más de 20.000 personas durante todo este tiempo. Haber desarrollado un método didáctico propio, que suma más de cien experiencias, y un catálogo de propuestas para personas de todas las edades que supera las 50. Ya luego, si nos atenemos a proyectos concretos, hay uno al que tenemos especial afecto. Y es “La mirada perdida”, que persigue recuperación y puesta a salvo del llamado cine doméstico o familiar, películas  filmadas por aficionados, en formatos no profesionales (súper 8, 8 mm, 9.5 mm) que están en verdadero peligro de desaparición. Es una memoria audiovisual, una herencia de imágenes en movimiento, a la que no se presta atención en ningún museo pero que contiene testimonios "vivos" de la segunda mitad del pasado siglo. En este sentido llevamos desde 2010 celebrando en Málaga el Día Mundial del Cine Casero (Home Movie Day) y somos una de las entidades fundadoras de la Red estatal de Cine Doméstico, que agrupa a diversas entidades públicas y privadas comprometidas con la puesta a salvo de este patrimonio común.

 

 

 

F.A.: ¿En qué consiste la nueva oferta formativa “Aula Málaga”?

 

K.D.: Un día, en un mirador sobre Málaga, nos preguntamos qué haría Chaplin de vivir aquí. Sabemos que aunque terminó siendo un mito, Chaplin fue un niño y un joven pobre y desgraciado. De hecho su personaje más conocido, el vagabundo Charlot, resulta tan de verdad porque él sabía bien de lo que hablaba. ¿De qué podemos hablar bien? Fue entonces la pregunta. ¡De Málaga! Así que "Aula Málaga" es una iniciativa donde todas las actividades creativas tienen como gran tema la difusión de la cultura local malagueña y esas acciones darán como resultado una serie de materiales diversos (minipelis, kamishibais, fotos, podcasts, etc) cuya producción sea obra de quienes participen en nuestras actividades.

 

 

 

 

Es la puesta en marcha de una factoría popular de contenidos locales, consecuencia de actividades formativas en muy diversas artes audiovisuales. Para la primera temporada, este verano de 2020, tenemos convocadas cinco actividades: un campamento juvenil audiovisual "bokerón", donde cada día se aprende y experimenta con una materia audiovisual diferente; un campus también juvenil de TV/Youtube, donde elaboraremos las piezas de un programa cultural especial que luego se emitirá por 7TV; un taller de guion, para cualquier mayor de 16 años y práctico 100x100; un campamento urbano para familias, absoluta novedad en nuestro país y en el que grupos de personas adultas con sus niñxs recorrerán la ciudad durante cinco mañanas en modo safari fotográfico... todo esto en julio. Y ya en agosto un campamento, el Tutti Malaki, para escolares de Primaria con Málaga como eje y el audiovisual como herramienta.

 

 

 

F.A.: De cara al nuevo curso escolar, ¿tienen ya propuestas sobre la mesa?

 

K.D.: Lo habitual es que cada curso escolar visitemos decenas, cuando no algo más de un centenar, de centros educativos con nuestros talleres, concursos y cinefórums. Y luego ofrezcamos campus y campamentos en periodos no lectivos. Eso ha venido siendo lo habitual. Pero las actuales circunstancias sanitarias nos han "invitado" a girar nuestra actividad hacia otros terrenos que, aunque siempre hemos trabajado, eran secundarios en esta etapa más reciente: la producción de contenidos para medios. Junto a esto, y es novedad total, tenemos a punto de presentar al público una academia de formación/divulgación mediática online. Así aventuramos la próxima temporada.

 

 

 

F.A.: ¿Puede ser el cine una herramienta de aprendizaje?

 

K.D.: Es evidente que las pantallas, omnipresentes en nuestras vidas, sirven de espejo. Para lo positivo y para lo negativo. Tradicionalmente se ha "vendido" que el cine ha servido de modelo para muchas actitudes. Eso quizás fuera cuando había una gran y casi única industria del cine. Hoy el cine es televisión, la televisión es cine, Youtube es a veces cine y a veces televisión... Antes hablaba de Gutemberg, bien, el primer libro que se popularizó gracias a la imprenta fue La Biblia. El cine, en gran pantalla, y hablando de educarnos en modos y valores, fue La Biblia. Hoy la biblioteca es muchísimo más amplia. Y no solo el cine, sino cualquier contenido que aparezca en una pantalla, nos educa. O nos deseduca y nos aliena. Que de eso también saben lo suyo quienes programan los algoritmos de Youtube, por ejemplo.

 

 

 

F.A.: Actualmente cada vez más entidades como la Academia de Cine, Egeda, ICAA o la propia Junta de Andalucía reconocen la importancia y el compromiso social y educativo del cine. ¿Consideras necesarias la implementación de más medidas y planes de alfabetización mediática en nuestro país?

 

K.D.: Igual esta entrevista va a parecer un tratado de Historia. Pero desde que aparece la imprenta -y por hablar solo de España- hasta que la mayoría de la población sabe leer casi pasan casi cinco siglos. Baste recordar los esfuerzos pedagógicos durante la II República. ¿Qué significar esto? Que a los señores feudales -y aún los hay- nunca les convino que los siervos se ilustraran, se contaminaran de otras ideas que no fuera un comportamiento servil. A mi juicio es lo que pasa hoy. Con un paro juvenil bestial, ¿cuántos jóvenes están en la calle luchando por sus derechos? Una minoría. El resto está luchando sí, pero en la Play. Así que... ¿cuándo se van a tomar en serio las autoridades el fomento de la cultura mediática? ¿Cuándo van a dotar a nuestras niñas y niños de herramientas que les permitan situarse frente a las pantallas como personas libres y no como meros consumidores? Pues cuando no haya más remedio. Hoy estamos en una pandemia y buscamos desaforadamente una vacuna. Pero hay otra epidemia oculta. Y es el virus inoculado por quienes no quieren que nos demos cuenta de que el mundo funciona de manera injusta y cruel.

 

 

 

F.A.: ¿Cuáles son, en su opinión, los valores principales que debe transmitir el audiovisual a los diferentes públicos y, en especial, a los más jóvenes?

 

K.D.: No deberíamos olvidar que tanto la vista como el oído son mecanismos de supervivencia. Vemos y oímos para protegernos y sacar el máximo partido del entorno. Me parece que eso que podemos aplicar a los ojos y las orejas debiéramos aplicarlo también al cerebro y al corazón. Estamos obligados a ser humanos. Y olvidarlo o intentar eludirlo es un lujo que no nos podemos permitir. El audiovisual es lo humano que perdura. Así que depende de qué queramos compartir.

 

 

 

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